“Es todo gris allá afuera. Los pisos son ceniza, las paredes son grisáceas, la tabla es de un gris azulado, la alfombra es de un color metálico”.
(Estructura dispositiva para“Career Ladder”de Karola Dischinger, basado en una foto de Giuseppe Biasco).
Madera, impresión UV sobre Stadurlon, tinte y cera para madera, terciopelo y lápiz.
215 x 150 x 75 cm.
2022.
Foto © Nicolás Sarmiento.
"Mostradores de migración, poder and reserva pristina".
Madera, metal, vidrio, ticket, muestra de hierro fundido, corte láaser sobre plancha de acrílico, alambre, impresión de inyección de tinta sobre papel,,
Cable de acero recubierto de PVC, balanza electrónica, acero inoxidable, cobre, aluminio, mango de plástico, rulemanes,
suciedad, patas metálicas, lamellos, tornillos, pegamento, rollo de espuma para suelo, marcador y cáscaras de naranja.
Medidas variables.
2020.
Foto © Nicolás Sarmiento.
27.11.2022— 01.01.2023.
Ausstellungsraum Klingental, Basilea.
ausstellungsraum.ch
Curada por Diogo Pinto.
Artistas:
Kristian Suvtane Augland, Jonathan Bitterli, Karola Dischinger, Susan Fankhauser,
Laura Grubenmann, Dorothee Haller, Anas Kahal, Enrico Luisoni, Matilde Martins,
Anastasia Pavlou, René Pulfer & Herbert Fritsch, Nicolas Sarmiento, Mirjam Spoolder and Gina Weisskopf.
Texto de sala:
YA ERA HORA...
Ya sea en el sector privado o público, esperar es un paso necesario en la vida cotidiana—uno que se calcula dentro de los gastos anuales del diseño corporativo y común. Es algo que debe gestionarse y minimizarse. Buen servicio = poca o ninguna espera (o al menos una espera agradable). Aunque algunas oficinas puedan priorizarlo más que otras, la responsabilidad del servicio en la era de Yelp es una exigencia universal. Como en un área de recepción, una reseña de una estrella marca el tono y las expectativas para la interacción que sigue. Bajo la regla general de que “un cliente satisfecho es un cliente fiel”, la hospitalidad es un oficio regulado. Pero la cordialidad es difícil de forzar. Es relativamente fácil detectar una sonrisa fingida y, aunque no lo sea, ciertamente no es genuina. Para evitar romper la cuarta pared, se requiere un grado de honestidad para ser verdaderamente hospitalario.
Hoy, el tiempo corre rápido. No tener gratificación instantánea—esperar—significa soportar la percepción de un “tiempo consciente”, un tiempo que ya no se vive sino que se siente. Las piernas se inquietan, la mente va y viene llena de incomodidad y nuestro cuerpo se ve cargado con una inquietante sensación de autoconciencia. El aburrimiento se filtra y la duración se vuelve una certeza innegable; tenemos tiempo pero no lo queremos. La hora se vive y el tiempo simplemente se siente desincronizado mientras nos convertimos en meras cosas que esperan. La atención se fija de manera dispersa, saltando de un objeto a otro en una mirada sin dirección, simultáneamente enfocada y ausente. El entorno deja de cumplir su función ordinaria, los objetos adquieren una cualidad inquietante: el perchero parece tener una cuchara como gancho, un blazer parece pesado como piedra, el reloj avanza en sentido antihorario... Su particularidad surreal se revela, recortada de su contexto habitual de invisibilidad, al igual que el propio cuerpo del “que espera”, que ahora se reduce, al desmoronarse en impotencia, a un objeto extrañado entre otros objetos varados.
Como una toalla caliente de avión, las salas de espera están diseñadas para calmar este estado inquietante. Televisores, revistas, música ambiental y pinturas bucólicas se convierten en artificios de distracción en una delicada danza entre la diversión y la funcionalidad. Estas herramientas ayudan a crear un entorno que busca gestionar a un gran número de personas y su propia experiencia no deseada como quienes esperan. Arquitectura, diseño y arte, juntos en lo que podría entenderse como una especie de instalación inmersiva, se unen en un esfuerzo por hacer la espera un poco más llevadera. En última instancia, estos espacios son un acto de hospitalidad o de calidez fabricada. Un choque dramatizado entre lo que se siente natural y lo que se siente artificial; lo que parece “real” y lo que parece “abstracto”. En otras palabras, son “espacios liminales” que tiemblan en el umbral de lo absurdo. Se sitúan ante el telón de un universo de regulación, como un prefacio antes de sumergirse en el abismo de la burocracia. De algún modo, son la encarnación del protocolo, de casillas marcadas y documentos archivados; una ilusión del tiempo torpemente literalizada.
La presente exposición se organizó en el contexto de Regionale 23, el proyecto transfronterizo que reúne anualmente a varias instituciones en Basilea y la región trinacional (noroeste de Suiza, sur de Baden y Alsacia). Artistas de la región o establecidos en ella pueden presentarse a una convocatoria abierta, de la cual las instituciones anfitrionas seleccionan a quienes exhibirán. El proceso implicó una hoja de Excel con 632 solicitantes. Cada entrada enlazaba a portafolios, CV y datos personales básicos. “Nombre / Apellido / Fecha de nacimiento / Género / Y así sucesivamente”. El tono curatorial de "Por favor, espere" fue, por tanto, sistematizado, nacido de una visión en forma de cuadrícula aprobada y sellada en un desplazamiento aparentemente infinito de artistas convertidos en números—una exposición hecha dentro y a partir de la burocracia.
Basilea, noviembre de 2022.
Diogo Pinto.
Foto © Finn Curry.